EmilioMinkov_
INSOMNE / 2024-07-03

Quien lo Dice lo Es

FECHA: MIÉ, 03 JUL 2024, 16:00 TIPO: Relato

Era fumador en aquella época. Sin ningún aviso, de un día para otro, empecé a toser sangre. Me asusté. Mis dos hijas y mi esposa no podrían salir adelante sin mí: yo era el que tenía estudios, el que tenía un buen trabajo. Mi mujer, tan preciosa, y mis dos hijas adolescentes… sería una tragedia que se quedaran sin su padre. Así que fui al médico para que me diagnosticara.

Pasé una semana sin poder dormir, sudando por las noches, atenazado por la ansiedad de morir. Necesitaba saber los resultados cuanto antes. Mi esposa y mis hijas, tan tiernas, no se despegaban de mí, siempre cerca, como si el simple hecho de estar ahí pudiera protegerme.

Una noche encontré a Marta, mi hija menor, llorando en el baño. Al abrir la puerta, sorprendido, ella me vio de inmediato en el reflejo del espejo. Se giró y corrió hacia mí, abrazándome con una fuerza que no le conocía. Llorando, levantó la mirada: sus ojitos, de un azul claro precioso, estaban entristecidos. Con su vocecita dulce me dijo:

—No quiero que te mueras, papá.

Se me rompió el alma. Le sequé las lágrimas con los pulgares.

Fue entonces cuando apareció Olivia, mi otra hija. Con una mezcla de furia y dolor, soltó:

—Te avisé de que dejaras de fumar.

Se dio media vuelta hacia su habitación, y justo antes de cerrar la puerta alcancé a ver, por un instante, cómo su rostro se deshacía, a punto de llorar. De fondo, escuchaba a mi esposa, también llorando. Fue un momento profundamente triste; nunca había visto a mi familia así.

Al día siguiente fui a por los resultados. Mientras el doctor ordenaba los informes en su carpeta, yo pensaba en escenas absurdas: en el viejo reloj de plata de mi abuelo que algún día heredaría Olivia, en el vestido de graduación que ya no le compraría a Marta, en los domingos por la tarde que mi esposa pasaría sola ordenando las tazas de porcelana de la vitrina. Sentía una lástima infinita por su orfandad futura, una compasión tan pura y perfecta que rozaba la parodia.

El médico me miró, revisó los papeles una última vez, y dijo:

—Tiene un cáncer descontrolado. Le quedan dos meses de vida.

Me quedé en silencio. Pensé en la sangre en el lavabo, en los ojos de Marta, en la furia de Olivia, en el llanto de mi mujer. Lo miré fijamente a los ojos y solo pude responder:

—Quien lo dice lo es, con el culo al revés.

SINCROMIÉ, 03 JUL 2024