EmilioMinkov_
INSOMNE / 2026-05-04

La Protuberancia del Vacío

FECHA: 04 MAY 2026, 14:41 TIPO: Texto

Nuestra existencia es un reflejo de lo que es la vida: cómo tenemos diez dedos y podemos mover cada uno de ellos, siendo conscientes de sus movimientos, de nuestra respiración, de nuestra conciencia. Siento que, para darse cuenta de uno mismo, hay que intentar “mirar hacia atrás” de la esfera de nuestros ojos; intentar sentir la parte posterior de la cabeza de manera simultánea al amplio panorama que nos ofrece la vista. Y es que la imagen que nos ofrecen las pupilas es inigualable: una visión panorámica donde entra luz desde todas partes, que percibimos de manera real y manifiesta, y que moldea profundamente nuestra percepción. Este sentido se cierne sobre la conciencia como un destello que la ilumina, capacitándonos para ver la forma de lo que somos.

Sin embargo, cuando me siento a mí mismo, percibo más bien una protuberancia del vacío. Siento mis extremidades, mi torso y mi conciencia; lo siento todo. Pienso en cómo me hallo como ser existente en este mundo aparentemente real, inmerso en un estado de conciencia habitual, de normalidad; “sentado a merced de la existencia”, expectante. Esperando a que algo ocurra cuando, en realidad, ya ocurrió lo que tuvo que ocurrir: yo ocurrí. No hay más. Algo pasó, y no habrá más.

Solo soy esa protuberancia, algo que siente y se afecta; con materia, estructura, masa y conciencia de sí mismo. Solo pienso y me hallo aquí. Veo mis sesgos, mis sentimientos, mis sensaciones y mi profunda necesidad de percibir amor por otra persona y de ser amado. Porque solo soy un humano, y a menudo el juego social nos nubla esa vista panorámica, generándonos un ego que nos aliena.

Cuando tocaba cada una de las yemas de tus dedos, o cuando acariciaba superficialmente tu rostro, mi biología y mi mente pasaban del enfoque interior a palpar la extensión de tu materia. Lo único que podía sentir al percibirte era amor. Me fascinaba el tacto de tu cuerpo y la complacencia de tu mirada; sentirte en mis manos a partir de ese segundo sentido era todo un nuevo mundo por descubrir. Y cuando te besaba, tu boca no solo era el choque eléctrico que alteraba mi química, sino también el acto ontológico de un universo determinado en dos almas distintas que se conocían a través de sus labios.

Al mirar mi mano, siento curiosidad por esa masa elástica; por cómo una materia sujeta al paso del tiempo se adapta de manera majestuosa para no explotar de átomos como lo haría una estrella. Los mismos átomos que me componen dan forma a la mano con la que escribo esto. Siento mis dedos también como protuberancias, como extremidades cuya longitud se puede palpar y cuya existencia causa un sentimiento grato por su simple decoro. Solo por existir. Podría haber sido de otra forma; de igual modo, mis congéneres podrían haber sido otra cosa. Pero lo que soy ya ha sido determinado: cada parte y cada átomo de mí sigue un flujo evolutivo lógico, de causa y efecto. Un continuo azaroso.

SINCRO04 MAY 2026