EmilioMinkov_
INSOMNE / 2024-07-06

Lo Normal

FECHA: SÁB, 06 JUL 2024, 16:00 TIPO: Relato

Era, francamente, un chico normal. Era, de hecho, un admirador secreto de la naturaleza de lo normal y de la normalidad en sí. Algo filósofo, tal vez. Como era de costumbre —normal—, pasaba por una cafetería que tenía cristales en vez de paredes, y se veía todo. Al chico le daba gusto verlo todo, y ver a una camarera muy mona que, tal vez por ella o por la normalidad de la cafetería, sentía regocijo tanto en su rostro como en su ser.

Un día, más perspicaz al parecer, se fijó en los típicos servilleteros —normales— que tenía la cafetería en cada mesa. Así, sin más.

Fue el día de después lo que marcó el inicio del horror. Al pasar, nuevamente, por la cafetería, vio que todos los servilleteros se habían movido ligeramente. Eso lo hastió levemente, pero nada más, pues, como él sabía que era normal, admiraba lo normal.

Sin embargo, al día siguiente, como si fuera la única persona del planeta, observó que aquel macabro suceso había vuelto a repetirse. Aunque no fuese algo normal, se atrevió a entrar en la cafetería y resolver su inquietud con la mona camarera. Esta le dijo que no sabía nada. La desesperación de lo normal empezó a crecer, gradualmente. Preguntó al encargado; tampoco nada. Como un lunático, salió a la calle a preguntar a cualquiera si se había percatado del suceso, pero solo le miraban como a una calamidad.

Se fue a su casa, presa del pánico. Estuvo encerrado semanas, todo el tiempo que le fue necesario para recuperarse. Aquel ligero movimiento de los servilleteros era, acaso, una señal de que la realidad, en realidad, era un engaño.

Se armó de valor y regresó a la cafetería, dispuesto a enfrentar el desenlace. Entró con el pulso tembloroso, con los ojos clavados en las mesas, pero se detuvo en seco. Los servilleteros estaban allí, inmóviles, perfectamente alineados en el centro geométrico de cada mesa. Exasperadamente normales. No se habían movido ni un milímetro.

Aquella estática perfección del escenario fue la confirmación definitiva de que su propia mente se había quebrado, o de que la realidad se burlaba de él restaurando su fachada en cuanto apartaba la mirada. Se quedó de pie en mitad del local, rodeado de mesas limpias y de la mirada desconcertada de la camarera. Comprendió, con un frío absoluto, que ya nunca podría confiar en sus ojos, que el engaño era perfecto y que pasaría el resto de su vida midiendo distancias invisibles en silencio. Salió a la calle lentamente, derrotado por la perfecta simetría del mundo.

SINCROSÁB, 06 JUL 2024